Mi carta autobiográfica: Soy José Antonio

Tiempo de lectura: 6 minutos

Hola, me llamo José Antonio Frutos Rodríguez, tengo 20 años y soy un joven con trastorno del espectro autista.

Mi vida antes del colegio

Nací pasada la medianoche del 29 de abril de 2001 en el Hospital Santa Cristina de Madrid. Por lo que me contaron mis padres, mis primeros días tras llegar a mi casa en San Fernando de Henares no fueron muy buenos, debido al ruido provocado por coches, camiones, autobuses, aviones, etc. No fui a la guardería y pasé mis primeros 3 años con mis padres en casa de mi yaya, en Arganda del Rey. Ese lugar en medio del campo y lejos del centro urbano, sin apenas ruido, ya es otra cosa en comparación con mi ciudad. Antes de nacer, me empezaba a gustar la música; además, con 6 meses, comía viendo la 1.ª edición de Operación Triunfo.

En el cole: llegó el momento de mi diagnóstico

Lo primero que recuerdo es que a los 3 años fui al colegio Villar Palasí. Los profesores no sabían lo que me pasaba porque tenía conductas que no eran nada adecuadas como: rabietas, obsesiones por cosas, taparme los oídos con ciertos ruidos molestos…, y no sabían cómo ayudarme. Para mí era “normal” hacer este tipo de cosas; ahora mismo no quiero ni acordarme de ellas porque me pongo muy mal. Al colegio fue un equipo específico de Madrid para ver qué me pasaba y entonces vieron que yo hacía cosas que hacían los niños autistas, aunque también hacía otras cosas que no hacen; así que no lo sabían bien.

Mis padres se quedaron muy preocupados, pues ya sospechaban que algo no iba bien: no miraba a los ojos cuando me hablaban, no hablaba mucho para mi edad…, siempre les decían que cada niño hacía unas cosas antes y otras después. Me llevaron a un gabinete experto en Trastorno del Espectro Autista (TEA) en Alcalá de Henares, donde estaban dos terapeutas que se llaman Chus y Paula y a lo largo de estos años me han ayudado mucho a controlar este tipo de conductas, y ahí me diagnosticaron Asperger con 4 años.

Cuando tenía los 5 años, pusieron en mi colegio el aula de apoyo para ayudar a niños con TEA y entraron 4 niños con el mismo problema que yo, autismo.

Los profesores colaboraban con el aula de apoyo y seguían sus pautas. Yo no jugaba con los juguetes como otros niños: ponía los coches bocabajo, daba vueltas a las ruedas…, y así me tiraba las horas muertas. Mi primera profesora, Araceli, me ayudó a controlar estas conductas.

Con 9 años me empecé a preguntar por qué yo no hacía lo que mis compañeros. ¿Por qué iba a un aula de apoyo y un gabinete y ellos no? Yo sabía que algo me pasaba. Mis padres me contaron que tenía Asperger, pero no sabía bien qué era -de hecho, en un documental, lo confundí con Alzheimer-. Chus, mi terapeuta, me explicó lo que me pasaba: el Asperger es una rama del autismo.

En el cole se portaron muy bien conmigo: me ayudaban tanto profesores como amigos y compañeros. También tenía una profesora que se llama Ana, quien me ha ayudado a lo largo de estos años, y una técnico llamada María, que me contaba chistes y refranes y me ayudaba en el comedor. Con 11 años, me empezaron a apasionar los perros, ya que mis padres tienen 7, y también los ferrocarriles.

En el instituto: la adolescencia y el TEA

Con 12 años empecé la ESO en el instituto “Jaime Ferrán Clúa”: tanto profesores como compañeros colaboraron mucho y me ayudaron en todo lo que pudieron.

Durante 1.º y 2.º estuvo una profesora llamada Isabel. Con ella, aprendí a ser más maduro y autónomo.

En 3.º tuvimos a una profesora que se llama Mayte, optimista y maravillosa, quien empatizaba mucho con nosotros; hasta que se lesionó y vino Adriana como suplente, que consiguió que acabásemos bien el curso.

Desde 4º está Sandra, magnífica, que nos ayudaba en nuestros problemas, y desde 2º una integradora social que se llama Susana, quien me ayudó a manejar la autonomía y me acompañó a la Universidad para hacer el programa “4ºESO+EMPRESA” y al viaje de fin de curso al extranjero, a Ámsterdam.

Al llegar al Bachillerato de Ciencias, con 16 años, empecé con muchas inseguridades y tuve muchos problemas, pero Sandra y Susana reforzaron mi confianza. Al mismo tiempo, antes de cumplir 18 años, tomé la decisión de entrar en una catequesis y ahí descubrí la humildad, aceptar que no siempre se puede ser el primero y que no todo tiene que ser como yo quiera; y que en esta vida puedo, según mis propias capacidades, asemejarme a lo perfecto, pero es imposible ser perfecto, con lo que necesito tener una ayuda y una fe para seguir adelante. De hecho, la convivencia me sirvió de mucho, pues ya había alcanzado la autonomía suficiente.

Mi llegada a la Universidad

Ya con 18 años, hice la selectividad y conseguí entrar en la Universidad Autónoma de Madrid, así que ahora mismo soy estudiante de Grado en Matemáticas, pues en un futuro quiero ser profesor de Matemáticas en la ESO.

Al empezar la carrera, me costó adaptarme porque no era como esperaba. No obstante, mis profesores me entienden muy bien y hablo de vez en cuando con mis compañeros de clase. Además, hay una oficina llamada “Oficina de Acción Solidaria y Cooperación”, a la cual asisto a sesiones cada 2 semanas con un profesor de apoyo.

A pesar de esforzarme todo lo que podía, empezaba a suspender una asignatura tras otra, por lo que necesitaba una academia de refuerzo. A partir de entonces, todo ha salido un poco mejor. Sé que no es estrictamente necesario acabar un grado en 4 años, sino que puedo hacerlo en 5 años, 6, 7, o los que haga falta: no tengo prisa, así que me toca seguir adelante.

Un periodo complicado: COVID

Sin embargo, demasiadas exigencias en mi carrera por un lado y muchas videollamadas grupales por otro estaban estresándome y alterando mucho mi bienestar mental, con lo que empecé a ponerme nervioso con temblores y lo pasé fatal. A partir de ese momento, decidí no hacer más videollamadas para tener más espacio personal, y me sentí mucho más tranquilo y aliviado.

Al llegar la COVID-19, sentí mucho miedo del virus porque mataba a mucha gente. Cuando se cerraron las clases, me sentí más seguro y protegido mientras tenía mi propio espacio de confort. Es muy probable que cogiera el virus justo el primer día del primer “estado de alarma”, porque tenía fiebre entre media y alta, dolor de cabeza y pérdida de olfato y se me pasó en 3 días. No obstante, no salí de mi casa en casi 3 meses mientras asistía a clases y hacía exámenes y trabajos online, lo cual me acomodó mucho. He de decir que esto no solo me ha cambiado a mí, sino en general a todo el mundo.

En la actualidad

Ahora mismo estoy en mi tercer año de carrera, con mis ayudas, mis dificultades y mis precauciones frente al coronavirus, pero con menos miedo y con muchas ganas de continuar. Ya que estoy vacunado con las 2 dosis, me siento mucho más tranquilo; no me molesta en absoluto llevar una mascarilla y me interesa guardar distancias “por si acaso”.

Al mismo tiempo, actualmente convivo con mi yaya para cuidarla y darle compañía como ella hizo conmigo, así se anima un poco y no se deprime.

Agradecimientos y conclusión

Doy gracias a todas aquellas personas que han estado conmigo ayudándome durante todo este tiempo, tanto familia y amigos como profesores y compañeros. Estoy muy contento de que haya aulas y sesiones de apoyo específico para personas con discapacidad en todas las etapas, incluso en Bachillerato y en la Universidad. En este tipo de aulas y sesiones nos ayudan a relajarnos cuando nos surge algún problema. También es maravilloso que haya centros de educación especial para aquellos chavales que no pueden seguir en un centro educativo normal como los demás, incluso haciendo todo su esfuerzo por ello.

Todos somos diferentes (y cuando digo todos es todos «los seres humanos»; o como se dice últimamente: ‘todos’, ‘todas’ y ‘todes’): a nosotros nos cuesta relacionarnos con otras personas. Yo a nivel académico siempre he sacado buenas notas en Primaria y en la ESO, pero también tengo otras dificultades en otras etapas y en otras situaciones. Solo necesitamos que esta sociedad nos ayude a vivir un poco mejor.

¡Muchas gracias y feliz 2022!

José Antonio Frutos Rodríguez

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Comunidad para familiares y profesionales que viven cada día con el Trastorno del Espectro Autista

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